La meseta de Copoya–Cerro Mactumactzá se está convirtiendo en una nube permanente de polvo, destrucción y contaminación.
Las trituradoras ilegales siguen operando día y noche mientras toneladas de tierra y piedra son arrancadas sin piedad, dejando un impacto ambiental que cada vez golpea más fuerte a las familias cercanas. Habitantes denuncian problemas respiratorios, irritación en ojos y garganta, además de una enorme capa de polvo que invade viviendas y calles.
Lo más alarmante es que el ecocidio ocurre frente a todos. Cerros mutilados, árboles desapareciendo y ecosistemas enteros siendo devastados mientras ninguna autoridad actúa con firmeza para detener el daño. Cada minuto que pasa, Tuxtla pierde áreas verdes, aire limpio y parte de una de sus reservas naturales más importantes.
Especialistas y ciudadanos advierten que, si esto continúa, las consecuencias podrían ser irreversibles para la ciudad y las futuras generaciones. Lo que hoy está pasando en Copoya–Cerro Mactumactzá no es cualquier cosa, es una herida ambiental que sigue creciendo en silencio.
📸 Imágenes: Rodolfo Domínguez C.
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